Mística, un camino hacia Dios
Distintos caminos ha elegido el hombre para expresar sus necesidades espirituales y comunicarse con un ente superior.
Por Roberto Carlos Mirás
Desde el
comienzo de los tiempos los seres humanos han hablado con una
trascendencia. Han elegido el camino del Budhismo, otros el Judaísmo, y
otros el Cristianismo, entre otras culturas. Nombres como Ramakrisna, o
Ramana Maharshi, en Oriente, Ernesto Cardenal en Nicaragua, Simone Weil
en Francia, o el mismo, San Juan de la Cruz, en España. Soran el espejo
que el creyente ha querido imitar. Los místicos.
Seis siglos antes de Cristo, entre los pitagóricos, se tenía ya un conocimiento de las comunidades contemplativas. Védicos, Brahamanes, e Hinduístas, conocían ya, la meditación y la vida contemplativa, junto a otras tradiciones consideradas el extremo opuesto.
En el siglo III, el filósofo Orígenes, elaboraba un tratado en donde demostraba como a través del cristianismo se puede llegar al conocimiento de Dios.
“En mi vida, he tenido dos experiencias místicas, y no puedo decirlas -escribía el escritor y premio Nobel argentino Jorge Luis Borges -, porque lo que sucedió no es para ponerlo en palabras. Fue asombroso, deslumbrante. Me sentí avasallado, atónito. Tuve la sensación de vivir no en el tiempo sino fuera de él. Escribí poemas sobre ello, pero son poemas normales y no pueden decir la experiencia. No puedo decírsela a usted. Ya que ni siquiera puedo repetírmela a mí mismo, pero tuve esa experiencia, y la tuve dos veces, y acaso me sea otorgado tenerla otra vez, antes de morir”.
El místico -según los estudiosos -, es un personaje religioso paradigmático. Reconoce que la realidad permanece incompleta hasta que se reúne con su fuente. Jesucristo es el modelo definitivo. Para la gran mayoría de los místicos cristianos, el objeto de la unión mística no es tanto el Padre como el Hijo. El místico proclama como el apóstol San Pablo “Ya no vivo yo, más vive Cristo en mi”.
En la vida de Margareth Ebner, la
enfermedad fue permanente a lo largo de cuatro décadas. Muchas veces
esta monja callaba y otras gritaba el nombre de Jesús, o caída en
discursos de contenido religioso. Se ocupaba sobre todo de un intenso
culto a la cruz. “Lo que me consolaba -escribe -, era tener una cruz a
la que besaba mucho y la apretaba contra mi corazón con todas mis
fuerzas y esto lo hacía con fervor de modo que la apretaba con
frecuencia y no quería separarme de aquella gran gracia”
La vida de
Margareth tuvo que ser una vida muy intensa. El niño Cristo le besaba en
su corazón desnudo. En el sueño se le mostraron las cinco llagas del
señor. ¿Quién no desearía semejante instancia interior?
En opinión de Ernesto Cardenal, uno de los místicos más originales del siglo XX y quizás el fundador de la literatura mística hispanoamericana. “Queremos ir hacia el creador, pero tendemos hacia las criaturas. Nos proyectamos hacia afuera, sin darnos cuenta de que la belleza real está dentro. Paradójicamente mientras nos proyectamos hacia afuera, hacia la belleza, más nos alejamos de ella, que está en dirección opuesta de donde la vemos, está en nuestro interior”.
San Juan de la Cruz (1541- 1591), convirtió la noche en un principio de la mística teológica, al transformar la metáfora espiritual de la noche en un simbolismo coherente y totalizador en su “Subida al Monte Carmelo” y en “Su noche Oscura” surgidas ambas de un mismo concepto.
A Juan le gustaba pasar la noche en
oración junto al tabernáculo, pero más aún quedarse en silencio bajo el
cielo estrellado de Castilla. El padre Alonso nos cuenta lo siguiente:
“En la paz de la noche Juan pasaba algunas horas en oración solitaria.
En una ocasión después de la oración se reunió con sus compañeros, y con
la mirada puesta en un torrente que corría por un prado verde, conversó
con ellos, acerca de la belleza del cielo, de la luna y de las
estrellas. Mientras hablaba de la dulce armonía de las esferas celestes y
de sus movimientos”
En una línea semejante el monje místico Thomas
Merton, creía que el alma no era una esencia individual e independiente,
sino un punto de la nada en el centro de nuestro ser que pertenece por
completo a Dios. Este punto de nada es un lugar de profunda soledad y es
a nuestra más profunda soledad en donde nos encontramos con Dios. “Este
yo interior, que siempre está solo, siempre universal; porque este yo
más recóndito, en donde mi soledad se encuentra con la de todos los
hombres y con Dios”
¿Creyentes o no creyentes?, ¿Dios? En palabras
del profesor Juan García Pérez “Lo dice muy bien el poeta -Leopoldo
Panero -, ‘Tú que andas sobre la nieve, dime quien eres’ Ya Moisés en
Éxodo (3-20), cuando él se encuentra ante algo misterioso, ante una
experiencia profunda le dice ‘Déjame ver tu rostro y dime, quien eres’
Pienso que los creyentes son conscientes de que a Dios no se le puede
definir” ¿Debemos leer a los místicos? “Nos encontramos en el camino de
la experiencia. Si quiero saber que es la amistad, no basta con que lea
un tratado sobre la amistad. Tengo que tener la experiencia de la
amistad. Los místicos nos ayudan a experimentar a Dios y a llegar a Él”
Igual que otros místicos cristianos manifestaron en sus
cuerpos las heridas de Cristo crucificado. Así ciertos místicos
musulmanes exhibieron heridas semejantes a las que el profeta Mahoma
recibió en la batalla. Los místicos árabes, han insistido, en la
necesidad de guardar el secreto del amor divino. Denuncian sin descanso a
los indiscretos que querían enterarse de su secreto sin participar con
su verdadera fe.
Cuando, al Rabino Schneur Zalman le preguntaron
sobre la mística, éste respondió “El conocimiento del ser es un medio
para conocer a Dios, el creador y a todo el universo creado. No existe
para el hebreo separación entre cuerpo y espíritu, carne y alma, mundo y
cielo. Cuando un hebreo dice que ha conocido, es porque realmente ha
logrado una experiencia. Cuando a una persona le preguntas, sí ha hecho
un bollo. Al decirte que sí, es que ha hecho uno. Hablamos de un
conocimiento, de una experiencia, no de algo conceptual”
Otros caminos
Hombres, mujeres y niños se reúnen en un barrio pobre de Porto Alegre (Brasil) Se arrodillan ante un altar en donde hay una complicada variedad de tótems indígenas y africanos, figuras del niño Jesús y de la virgen María. Con diversos colores, retratos de figuras de santos y alimentos. La gente forma un círculo en movimiento y mecen sus cabezas y los cuerpos al ritmo de un tambor. Cantan y bailan toda la noche y uno tras otro son poseídos por el espíritu. En este momento se aprecia una pérdida de conciencia por parte de los individuos. Nos acercamos a otra espiritualidad, quizás diferente, pero espiritualidad. Todo esto acompañado de una fuerte música y de caídas al suelo que nos recuerdan a los ataques epilépticos. ¿Dónde está Dios? -se preguntan.
¿Qué tiene que ver la mística con los que siguen el espiritismo o el camdonblé? En palabras del teólogo brasileño Leonardo Boff -“Poseen otro lenguaje, otra manera para llegar a Dios. La cultura de umbanda, y el camdoblé hay que entenderla en su justa medida. Es otro universo. ¿Cómo entenderla sin quedar anclado en el rito, sino vislumbrando lo que se esconde detrás de él? Se descubre que toda religión afro es profundamente cósmica. Todo entra dentro de una simbología”.
A lo que añade: “¿Conectar con Dios, conectar con el espíritu? Determinados alimentos tienen que ver con situaciones de lo cotidiano. La pipoca, un grano muy estallado por el calor, en el cigarro, en la cachaca, gachas de mandioca y otros condimentos. Forman parte de lo anteriormente relatado. También a través de lo cotidiano se puede llegar a Dios. Igual que nosotros utilizamos el pan y el vino, ellos utilizan otros alimentos, en todos está Dios”.
Cuentan que le preguntaron a un Lama Tibetano que pensaba de la mística. Éste se quedó parado y pensativo, pasaron unos segundos y contesto: “Podemos encontrarle el sentido a la vida incluso bebiendo un vaso de agua; si lo hacemos con el espíritu apropiado”.
De padres católicos y nacida en Londres, Tenzin Palmo, estuvo durante doce años en una cueva a casi cuatro mil metros de altitud. Se abrazó al budismo tibetano. En esta cueva, en el silencio, en la muerte, es donde encontró su sentido.
Cuando la periodista - Vicki Mackenzie -, le preguntó, para su libro “Una cueva en la Nieve”(R.B.A.), sobre su espiritualidad. “Mi vida ha sido siempre un río, ha ido fluyendo regularmente en una sola dirección” Y tras una pausa añadió: “El objetivo de la vida es descubrir nuestra propia naturaleza espiritual, y para ello uno tiene que recoger frutos del camino, pues de otro modo no tiene nada que ofrecer a los demás”.
¿Y la muerte? “Cuando inicias un retiro
haces una promesa sobre el tiempo que va a durar y luego, la cumples. Se
considera que forma parte de la práctica. Incluso si caes enfermo,
prometes que no vas a salir, y si es necesario, debes de prepararte para
morir en el retiro. En el retiro morir es encontrar un buen augurio”.
El
sacerdote, Bette Griffi, abandonó su abadía benedictina en Inglaterra, y
marchó a la India. Treinta años más tarde, cuando ya vivía en una
comunidad benedictina organizada como un ashram hindú, experimentó
simultáneamente un infarto, que pese a todo dejó su mente intacta y
finalmente le dio la solución que él había estado buscando. Hasta
entonces, había vivido según los dictados de su cabeza. Ahora había
encontrado los nexos de unión, la fuerza del cuerpo con el sexo y con la
tierra. Ahora veía en el amor un principio básico de todo el Universo.
Otros estudiosos del fenómeno religioso apuntan que los místicos constituyen algo así como una elite espiritual, autónoma en el interior de varias religiones universales. Según esta opinión la experiencia mística es la misma en todas partes. Difiere tan solo la manera en cómo se expresa.
“Simone Weil -escribe Eclea Bossi, en su libro ‘Simone Weil y la condición Obrera’ - insistía en que siempre operamos en un mundo interpretado y traducido. Se insertaba en un desapego total. Cuando terminó la guerra, esta judía francesa, profesora de filosofía quiso ir a la fábrica y emplearse en el puesto más bajo. Sentir toda la explotación capitalista, y experimentar lo que es el sufrimiento de la clase obrera, siendo solidaria con ella. Su mística era esa voz de crear espacios para que el drama del otro sea oído. Eliminar la distancia que nos separa del otro”.
Según la estudiosa del misticismo Every Uderhill “Hay personas de distintas tendencias religiosas, incluso agnósticas, que tienen una o varias experiencias místicas auténticas, pero al no centrar sus vidas en esas experiencias aisladas, al no retirarse a un convento, o al no transformar su vida profundamente como resultado de esas experiencias (recordemos que santa Teresa se convierte en una reformadora de su orden religiosa, santa Catalina de Siena, en una activista de política eclesiástica de su época, san Francisco en un redentor de social), pueden ser considerados personas que han tenido experiencias místicas, pero no son místicos en el sentido más tradicional del término”.
Una matización- “Pocas personas atraviesan la vida sin saber lo que es al menos ser tocado por esa sensación mística -aquel que se enamora de una mujer y percibe -, como en verdad suele hacer el amante - aquel que enamorado de la naturaleza, advierte el paisaje ‘tocado por la gracia divina’ -aquel que se enamora de lo sagrado, como suele decirse, experimenta una conversión: verdaderamente -puntualiza- todos han conocido por un instante algo del secreto que la palabra encierra”.
¿Que opina la Psicología?
A principios del siglo veinte, el psicólogo Willian James, autor del libro “Las variedades de la experiencia religiosa” ya conocía los ataques epilépticos y las tendencias de ciertas formas de locura para producir experiencias muy similares a las espirituales. Según él, algunos médicos materialistas, podrían utilizar esto para descartar el significado elevado de esas experiencias.
En las culturas Occidentales, se sabe que un 30-40 por ciento de la población dice haber experimentado, en alguna ocasión sensaciones de una gran euforia y bienestar acompañadas de sesiones profundas que abren una nueva perspectiva de la vida. Una sensación de que todo derredor está vivo y atento. La sensación de uno con el todo, con la existencia. Se sabe que la gente es propensa a ataques epilépticos, en los lóbulos temporales, donde, tienen una mayor tendencia de lo normal a vivir intensas experiencias espirituales.
Durante siete años, Carl Gustav Jung, sufrió una especie de crisis esquizofrénica que le dio problemas. Sin embargo décadas después escribió “Hoy puedo decir que nunca he perdido contacto con mis experiencias originales. Todas mis obras, toda actividad creativa, han sido generadas por las fantasías y sueños que comenzaron en 1912, hace casi cuarenta años. Todo lo que logre más tarde en la vida, ya estaba contenido en ellos”.
Jung analizó la psicología del místico y
llego a la conclusión de que la persona que alcanza la madurez
psicológica superior es siempre un místico. “No hay nadie sobre la faz
de la tierra -declaró -, que sea más maduro psicológicamente que un
místico. Eso no significa que no tenga sus locuras. Es una persona
totalmente armonizada por dentro. No tiene nostalgia del pasado y mucho
menos ansiedad ante el futuro”
En el sur de la India, un treinta de Diciembre de 1879, nacía Venkataram, años más tarde conocido como Ramana Maharshi.
Según el Doctor en Filosofía y autor del libro “Las Enseñanzas de Ramana Maharshi,” (Kairos) Ernesto Ballesteros, “Al comenzar a estudiar su vida. Tanto Ramana y otros rishis como Ramakrishna sufrían ciertos ataques que alguien podía interpretar como epilepsia u otra dolencia semejante. No se trataba de estados patológicos normales (lipotimias, delirios, ataques epilépticos), siempre iban acompañados de una conciencia lucida y estaban libres de dolor y angustia”.
En opinión del profesor Ramachandran, director del Centro para el Cerebro y la Cognición de la Universidad de California, en San Diego. “Después de un ataque es frecuente que el paciente diga: ‘hay una luz divina que lo ilumina todo”.
En 1990, el Centro de Investigación Alastair Hardy, de la Universidad de Oxford, organizó un estudio riguroso de la experiencia espiritual. El equipo de investigadores analizó a cinco mil sujetos que respondieron a una pregunta que había salido en los periódicos. ¿Alguna vez ha sido usted consciente de una presencia o poder, lo llame usted Dios o no, diferente de su yo cotidiano? En otro cuestionario pedían que las personas describiesen sus propias experiencias.
En esta encuesta, casi un 70% de los
entrevistados, respondió afirmativamente. De las descripciones
detalladas de estas experiencias el equipo de investigadores pudo
discernir dos tipos básicos de experiencia: la mística y la milagrosa.
Las respuestas incluyeron descripciones como la que sigue:
“Sensación
de ligereza, euforia no asociada con ningún hecho en especial.
Sensación de que los problemas son minúsculos, y que carecen de toda
importancia, con un diferente sentido de la perspectiva. Siento que
tengo mayor comprensión, más capacidad para afrontar la vida. Me
revitaliza, me rejuvenece y pone las cosas en perspectiva”.
“He vivido la sensación de la presencia
de Dios en muchas ocasiones. Cuándo me pasó por primera vez (durante un
servicio religioso a la edad de quince años), me sentí ebrio (¡no
estaba!), apenas podía caminar. En otras ocasiones, tan solo he tenido
una sensación sobrecogedora de paz y amor y a menudo me he olvidado del
tiempo”
“Siento deseos de llegar a Él”
Para la escultora y orientalista Anxeles Penas, existe un juego entre ella y la escultura. “Dentro de la mística sufí, Rumi, ha sido uno de los grandes poetas persas del siglo XIII. Todo me impresiona del místico. Haber llegado a la unión forzosa con el aspecto espiritual. Han superado el sufrimiento” ¿Pero la psicología qué lugar ocupa? “No es explicable bajo una patología. Hace algunos años, cuando yo estudiaba, se hablaba, de Santa Teresa, de sus éxtasis, que si estaba drogada, que si generaba morfinas. La mística no es explicable. Tenemos la prueba en que todos los místicos han tenido una enorme sensatez. Un verdadero místico, no es un ser alocado. Lo que pasa es que hay mucho místico entre comillas. Cuanto más me acerco al fenómeno místico, siento más deseos de llegar a él” ¿Existe una simbiosis con la escultura? “Actualmente, estoy trabajando con maderas recuperadas. Lo estoy haciendo con un método muy místico. Dejando que el lado derecho del cerebro funcione... Que la propia madera quitándole lo que tiene podrido, vaya dejando salir, de dentro, a ese espíritu que está encerrado en la madera. Yo les denomino los espíritus del bosque” ¿Funcionan las emociones? “Claro, el mismo material está vivo. La misma madera está viva hasta que arde. Estas trasmitiendo fuerzas que se transmiten al material que estás utilizando. Tengo una relación mística con la escultura”
“Estigmas: fenómeno psicosomático”
Francisco Alonso Fernández es Catedrático Emérito de Psiquiatría y Psicología médica por la Universidad Complutense de Madrid y autor del libro “Estigmas, Levitaciones y Éxtasis”.
“Al ser Catedrático en Sevilla -me explica -, tuve la ocasión de poder estudiar en el Palmar de Troya a algunas personas estigmatizadas. Más tarde en Madrid tuve la ocasión de poder intervenir en el estudio de una mujer, llamemos- la sacerdotisa o visionaria que centra la atención en el Escorial”.
¿Quiso investigar? “Quise iniciar una investigación a través de los tiempos que como usted sabe se inició con San Francisco de Asís. Lo veo como un trastorno que cuando aparece se puede enfocar como psicosomático, aunque también lo podemos estudiar por un camino natural”.
¿Dentro del mundo de la mística, estas personas se lo creen? “¡Distingo entre místicos y falsos místicos! Y, estigmas fraudulentos. Propongo la cuestión de la siguiente forma: estigmas naturales y artificiales”.
Deme un ejemplo, profesor “Una chica presencia como azotan a su hermano. Al día siguiente, le aparecen a ella señales muy parecidas a las vistas en la espalda de su hermano. Esto es un fenómeno psicosomático. ¿Que nos indica? Que la chica está profundamente identificada con su hermano. Ciertas personas dan su entrega religiosa con una capacidad emocional que pueden llegar a plasmar”
¡Tan importante es Dios!
En 1977, el Sunday Times de Londres publicó dos encuestas distintas de Gallup, sobre el estado de las creencias religiosas, en Gran Bretaña. En la primera se preguntó a la gente si asistía los domingos a Misa. Sólo un diez por ciento contestó de un modo afirmativo y por tanto la encuesta determinó que Gran Bretaña no era un país muy religioso. Pero en la segunda encuesta, realizada seis meses más tarde, se preguntó a la gente si creía en Dios. Un ochenta por ciento de los encuestados contestó que sí, y entonces los encuestados determinaron que Gran Bretaña era una nación sumamente religiosa.